Monday, February 11, 2008

OTRA VEZ EN LA TIERRA DE LOS MAORÍES (4ta. parte)

NOCHE VIEJA Y AÑO NUEVO, UN DIA ANTES

Nueva Zelanda es el primer país en el que se celebra la llegada del Año Nuevo antes que en ningún otro lado del mundo. Aunque la llegada de ese acontecimiento primero ocurre en Kiribati, una pequeña isla del Océano Pacifico, donde nadie lo festeja por que está deshabitada, pocos minutos después le toca a Nueva Zelanda recibir Año Nuevo.

Misterio (para mí) que científicamente se explica por eso de los husos horarios, allí se festeja 16 horas antes que en mi Argentina. Y una hora antes que en Sydney (Australia).

Empezamos el 31 de diciembre de 2007 con el ya acostumbrado y abundante desayuno en el Spencer on Byron de Takapuna, hotel donde nos alojábamos. Hasta que mi hijo y mi nuera nos vinieron a buscar.

Otra vez cruzamos el Harbour Bridge, el gran puente que une la Península de Devonport con la ciudad de Auckland y que atravesamos para llegar a Missionn Bay. Un lugar digno de disfrutar, con un parque alrededor de una gran fuente, que en uno de sus lados está la playa y el mar que nos enfrenta a la isla de Rangitoto y en el otro, una gran avenida que cruzando nos muestra una larga serie de restaurantes y bares.

Mucha gente por todos lados, playa y parque con gente acampando y chicos jugando a la pelota (la redonda y la ovalada). Maoríes, orientales e indios con sus mantas multicolores haciendo nada en el pasto y en la arena. Bares y restaurantes muy elegantes también repletos.

Aparcamos el auto y caminamos llenando nuestros ojos con esa novedosa postal hasta que el cansancio nos hizo buscar un descanso en esa avenida. Entramos en un restobar muy elegante donde pedimos el clásico “Long Black” que es un café negro bastante fuerte y servido en taza mediana, endulzado con azúcar morena. Lo pedí en inglés y con sorpresa el camarero me contestó en español. Era colombiano y conocido de mi hijo.

De allí nos fuimos a Parnell, un barrio de Auckland muy distinguido, con muchos negocios de ropas de moda y restaurantes muy elegantes. El hambre nos llevó a entrar en un Turkey Restaurante, donde nos deleitamos con comida turca. Siguiendo los conocimientos de mi hijo, pedí una especie de sándwich muy parecido al taco mexicano pero más grande, que en su interior tiene carne de cordero con una mezcla de salsas y condimentos que le daban un sabor agridulce muy agradable, que acompañé con papas fritas y la exquisita cerveza neozelandesa.

Y otra vez a caminar, hasta que por necesidad tuve que entrar a un baño público y gratuito, esos que están en las avenidas. Daban ganas de quedarse adentro un rato largo, confortable y muy limpio, con lavatorio provisto de jabón líquido y secador de manos, inodoro impecable con papel higiénico y cesto de papeles, solo faltaba el bidet (elemento desconocido en toda Nueva Zelanda). Siguiendo las costumbres de ellos, no las nuestras, traté de dejarlo tan limpio como lo encontré, ya que uno va aprendiendo con el ejemplo.

Terminando con el itinerario, volvimos al hotel para cambiarnos y comenzar la Noche Vieja. En taxi para que mi hijo-chofer por culpa del alcoholímetro no fuera a parar a un calabozo, nos dirigimos a la casa de otros amigos argentinos que viven frente al puerto comercial. Puerto que a pesar de trabajar las 24 horas del día, no se siente ningún ruido.

Desde el balcón se ve el Sky City Hotel, donde nos habíamos alojado en el viaje anterior y que en su base se eleva imponente esa torre de 292 metros de altura que se divisa desde casi toda la ciudad de Auckland. Esta vez iluminada con todos los colores del arco iris.

Para nuestra comodidad, lo pasamos con un grupo de compatriotas y por consiguiente pudimos comunicarnos en nuestro idioma.

Nos recibieron con una barbacoa añorando nuestra parrillada, precedida por una picada y que seguida de una variedad de postres, todo regado con vino, cerveza y algunas gaseosas culminó a la medianoche. Con el clásico brindis de champagne recibimos el Año Nuevo, brindis que se interrumpió para ver el espectáculo de fuegos artificiales multicolores que desde la punta y a casi 300 metros de altura, nos regalaba la Sky Tower a nosotros y a la ciudad. Y que después nos enteramos, fue visto simultáneamente en todos lo televisores del mundo.

Fueron 15 minutos disfrutado de un espectáculo tan especial que muy dificilmente podré volver a ver y que me produjo la sensación de estar cerca de amigos y familiares que en ese mismo momento lo estaban viendo en mi lejana Mar del Plata.

En toda Nueva Zelanda está prohibido el uso cohetería y fuegos artificiales por temor a los incendios y en Auckland solo está autorizado este espectáculo mundialmente conocido por ser el primer Año Nuevo del mundo. Por eso, los aucklanianos se reúnen en las calles y bares cercanos a esa torre para disfrutar de cerca este festival. Para eso, en esa noche todos los transportes públicos son gratuitos.

Resulta extraño ver el centro de una ciudad que habitualmente se vacía a partir de la 6 de la tarde, atiborrado de gente en ese único momento del año.

Y así es como por primera vez en mi vida festejamos NOCHE VIEJA Y AÑO NUEVO UN DÍA ANTES que en mi país.

diciembre 2007 y enero 2008

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