Friday, September 07, 2007

EL CALAFATE DULCE Y COLORIDO COMO EL FRUTO QUE LE DA SU NOMBRE

Otra invitación a una Reunión de Expertos en Diabetes, me permitió conocer una de las maravillas de la naturaleza que según dicen los lugareños no se puede describir, solo se puede admirar estando en el lugar. El imponente Glaciar Perito Moreno situado a solo apenas 80 kilómetros de la localidad de El Calafate (Provincia de Santa Cruz - Argentina).

Todo empieza en Mar del Plata y que mediante nuestra aerolínea de bandera (con sus habituales atrasos) nos llevó al Aeropuerto de El Calafate, en el extremo suroeste de la Patagonia Continental, donde la nieve nos recibe junto con las autoridades del la Gobernación como si fuéramos importantes personajes.

En el corto viaje que nos llevó al hotel donde nos alojaríamos durante nuestra estadía, una guía nos fue informando datos sobre el lugar. Comienza diciendo que El Calafate es hoy por hoy uno de los símbolos turísticos de la provincia. Con más de 75 años de vida, esta villa de apenas 6.000 habitantes promete belleza y confort a todos sus visitantes. ¡Y vaya si lo cumple! Mas de 200.00 turistas que la recorren anualmente pueden dar cuenta de ello. Ubicada en un valle, al pie del cerro que lleva su mismo nombre y rodeada de pequeñas formaciones que tienen una altura promedio de 950 metros, la “Capital de los Glaciares” es un núcleo urbano que respira paz y armonía. Completan esta postal de paisaje bucólico el infinito lago Argentino que yace a sus pies, frío, sereno y paciente.

La infraestructura receptiva es amplia y para diferentes necesidades. Actualmente, la villa tiene un total de 3.000 plazas, aunque la inversión y desarrollo es constante y las alternativas se amplían en todo momento. Desde albergues y hospedajes, hasta hoteles cinco estrellas, pasando por hosterías, cabañas, campings y estancias, todas las opciones están perfectamente preparadas y dispuestas para recibir al viajante y satisfacer todos sus gustos. Respetando el entorno que lo rodea, el paisaje urbano, lejos de interferir con la belleza natural del lugar, la acrecienta. Las edificaciones son bajas y es común que las casas tengan amplios y pintorescos jardines donde en verano se visten con una gran variedad de flores, arbustos y árboles. En época estival, recorrer las principales calles de la villa contemplando los rosales en flor de los jardines debe ser un espectáculo digno de ser apreciado y que nosotros no vimos por que el invierno es nieve y frío seco que suele teñir todo de blanco. En esta época la laguna Nimes y la bahía Redonda del lago Argentino (ubicada en las afueras de la villa) se congelan para deleite de vecinos y turistas, que utilizan las sólidas y congeladas aguas para patinar o andar con trineos al aire libre, disfrutando de un marco poco usual para la práctica de estos deportes y que nosotros no tuvimos tiempo de apreciar por que también vinimos a trabajar.

El calafate, fruto de un arbusto pequeño típico de esa zona es quien le da el nombre a la localidad y del que se hace un dulce riquísimo que ocupó importane lugar en mi equipaje, que sin duda a la vuelta pu
de disfrutar en mi casa .

Llegamos a la Posada de los Alamos, un hotel 5 estrellas que asombra por forma y distribución tan distinta a los grandes hoteles de lujo, pero con ese lujo especial que lo hace único, tejas negras y madera le dan una característica montañesa. En ocho hectáreas y separados por calles asfaltadas se distribuyen cuatro edificios en su parte central y en la periferia una campo de golf de nueve hoyos y algunas canchas de tenis y padle. Una curiosidad a destacar es que en esas calles no hay nieve ni escarcha, por que debajo de ese asfalto pasan caños de agua caliente que las mantienen templadas y en la puerta de cada edificio un enorme paragüero obviamente lleno de paraguas, para hacer placentero el cruzar sin mojarse. Dos chalets continuos son los destinados al alojamiento de los huéspedes, con habitaciones decoradas con lujo y buen gusto, donde la para mí designada deja ver desde su gran ventanal las montañas andinas con sus cumbres nevadas. El Lobby amplio con sillones confortables invita al descanso y la charla amena con los compañeros de aventura, médicos de nuestro país, chilenos, uruguayos y un cubano muerto de frío.

Enfrente otros dos edificios de igual forma de construcción. Uno con spa y piscina (alberca) que funcionan durante las 24 horas, lo que nos permitió bien entrada la noche, nadar y disfrutar de unos relajantes masajes antes de irnos a dormir. El otro edifico nuclea un Salón de Conferencias, un bar, un desayunador y un amplio comedor donde cenamos todas las noches. Allí, en esas cenas disfrutamos del famoso cordero patagónico al palo, típico de esa zona y de la no menos exquisita centolla chilena. Sin dejar de mencionar los desayunos en donde el chocolate (soy chocoadicto) y los dulces regionales me cargaron de satisfacción y algunos kilos de más a mi devaluada figura.

Trabajamos de mañana durante cuatro días y luego de frugales almuerzo, las tardes libres para conocer algo de ese paraíso tan difícil de describir. Razón tenía la guía que no llevo del aeropuerto al hotel.

Las autoridades municipales, con intendente incluido, una tarde nos llevaron a conocer el Glaciar Perito Moreno. Desde El Calafate al glaciar media una distancia de 80 kilómetros, por camino asfaltado ingresando, ya en sus últimos 30 dentro del Parque Nacional Los Glaciares.

Desde su inicio. el viaje nos deparó agradables sorpresas. Saliendo del hotel y a unas pocas cuadras, a la derecha pudimos observar el Lago Argentino con su Bahía Redonda. En ella se puede apreciar una variedad importante de avifauna, destacándose el cisne de cuello negro, flamenco, pato vapor, gallareta, cauquén y otros pájaros que parecían gaviotas pero más grandes.

Se destaca el color amarillo del campo, esto se debe a sus pastos llamados coirón, y que entre ellos se destacan cubiertos de nieve, el coirón blanco y petiso.

En los primeros 40 km. se recorre la estepa patagónica, pasando posteriormente a la entrada del Parque Nacional a observar la vegetación arbórea perteneciente en su gran mayoría de la familia de los ñires, guindos, lengas que corresponden al Bosque Andino Patagónico.

En un recodo a mitad de camino hay un mirador que nos muestra a los lejos y como primer asombro, la pared del glaciar en toda su extensión. Una pared celeste que es cierto, no se puede describir.

Una vez frente al Glaciar, vemos la majestuosidad que impacta a los ojos del viajante, y repuestos del asombro nos deslizamos por las escalinatas o pasarelas para obtener distintas vistas de esa enorme masa de hielo. Aquí quiero hacer hincapié en el respeto que debemos tener por la señalización que posee esta parte del Parque, y que nos obliga a recorrer en todo momento las pasarelas sin salirse de las mismas. Y lo más incómodo para un fumador como yo, el estar terminantemente prohibido fumar en todo el parque. Los guardaparques se encargan de la preservación de las bellezas del lugar y además cumplen una importante tarea como informantes.

La imponente y alta pared de hielo celeste y rosada, veteada con líneas negras frente a nuestros ojos nos deja mudos e incapaces de contar la sensación de su majestuosidad y que las numerosas fotos que fui guardando en mi digital solo sirvieron para recordar lo que mis ojos tuvieron el privilegio de ver, pero que para otras personas solo muestran muy poco de esa maravilla. No pudimos hacer la caminata sobre el glaciar, por que en esta época invernal resulta peligroso por la cantidad de grietas tapadas por la nieve fresca.

Al final el paseo regresamos al refugio atravesando el exuberante bosque magallánico, donde merendamos un chocolate caliente acompañado de tortas y dulces mientras contemplamos una maravillosa vista del lugar.

Al día siguiente la segunda y última excursión que nos llevó, luego de recorrer otros 80 kilómetros al embarque en Puerto Moreno ubicado en la Bahía “Bajo de las Sombras”, aproximadamente a 7 kilómetros del Mirador del Glaciar. La excursión consistió en una navegación por el Lago en cómodo catamarán que nos permitió apreciar los témpanos provenientes de hielo del Glaciar Perito Moreno. Llegando hasta el extremo sur del canal de los Témpanos, el barco se ubica a una distancia prudencial de la pared del glaciar, recorriéndola en toda su extensión y permitiendo avistar los desprendimientos que se producen.

Esta excursión nos brindó la posibilidad de observar con una perspectiva totalmente diferente las impresionantes paredes del Glaciar Perito Moreno y sus derrumbes sobre las aguas del Lago Argentino.

Esta navegación de aproximadamente una hora que parte desde el Puerto Moreno recorre la pared norte del Glaciar Perito Moreno también llamada “Pared de la ruptura” y desde la embarcación se obtiene una espectacular vista de la pared de éste de glaciar que tiene unos 80 metros altura y continúa por el Brazo Norte de Lago Argentino. Luego de cruzar la Boca del Diablo (sector más angosto del lago), se encuentran los primeros témpanos; éstos se irán viendo a lo largo del viaje, con sus diferentes formas y tamaños.

Al final de esta aventura, de vuelta al refugio y otra vez tortas y chocolate antes de emprender el viaje de vuelta al hotel.

Las dos tardes restantes, cansados y con los ojos llenos de la belleza indescriptible de esa maravilla de nuestra Patagonia, la pasamos confortablemente entre la piscina (alberca), el spa y los mullidos sillones de lobby donde las conversaciones con los colegas nuestros y extranjeros sirvieron para afianzar esa amistad que como es ya costumbre, continuaremos en otros lugares y otros países donde nos seguiremos cruzando.

De vuelta a mi Mar del Plata, solo me queda decir que EL CALAFATE DULCE Y COLORIDO COMO EL FRUTO QUE LE DA SU NOMBRE , es la puerta de entrada a la maravilla majestuosa del Glaciar más imponente que haya conocido.


Mayo 2007

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